Herida difícil de cicatrizar
Necesaria la intervención temprana con los hijos de la violencia doméstica
Así como la niña de ocho años que presenció la muerte de su madre Mabel Merced López en el barrio Candelero Abajo de Humacao el domingo pasado, los menores que presencian el asesinato o maltrato en cualquier acto de violencia doméstica deben recibir apoyo sicológico y emocional de inmediato, aun cuando esa ayuda de primera mano no sea la de un profesional.
2 years agoAunque sí es necesaria la intervención de un experto, los familiares o allegados deben ser esa fuente primaria en caso de que no haya accesible un profesional de inmediato. Así opinó la sicóloga académica investigativa, Blamaris Falcón Mulero, quien indicó que el primer paso es proveerle al niño o la niña el calor humano que le haga sentirse seguro y amado por el resto de las personas.
“Uno debe conducirlo a que esa experiencia pueda ser de fortaleza y hacerlo ver que dentro de todo, puede identificar personas de apoyo que sean de la familia o amistades. Es importante trabajar en ese momento con el niño, sea el sicólogo o la ‘titi’”, dijo Falcón Mulero, quien trabaja en el área de consejería y terapia del proyecto comunitario PECES.
De hecho, aunque el crimen de Humacao no fue tipificado como un caso de violencia doméstica al no poderse establecer que la víctima y el acusado Luis A. López hayan mantenido una relación sentimental, la trabajadora social clínica Rita Córdoba aclaró que sigue siendo una experiencia traumática para la niña.
En lo que va de año, 16 mujeres y un hombre fueron asesinados en incidentes de violencia doméstica, según la División de Estadísticas de la Policía de Puerto Rico. La directora de prensa de la Uniformada, Hilda Rivera, dijo que no hay estadísticas que indiquen en cuántos de esos casos hubo niños presentes, pero la sicóloga Cora Arce Rivera, directora ejecutiva de la Casa Protegida Julia de Burgos, estima que en casi todos los casos los menores son testigos, ya sea en incidentes con desenlace fatal o en los que se manifiesta un maltrato verbal o físico sistemático de uno de los dos padres hacia su cónyuge.
“Siempre les afecta. Casi el 100% está presente o por lo menos escuchan los ruidos, las palabras soeces del padre hacia la madre, los gritos… de una manera u otra siempre están participando de la situación de violencia doméstica”, dijo Arce Rivera.
Ese porcentaje es alarmante si se considera que la cifra de casos reportados de violencia doméstica en lo que va de año es de 16,430, según datos de la División Especializada de Violencia Doméstica de la Policía de Puerto Rico. A esta fecha, en el 2008, los asesinatos en incidentes de violencia doméstica iban por 25 de acuerdo con Jessica Pizarro, agente en esta División.
A menor escala, Arce Rivera tiene las estadísticas de su centro, que muestran el impacto adverso en la niñez. Informó que en el año fiscal 2008-2009 Casa Protegida Julia de Burgos recibió en sus dos albergues de San Juan y Ponce a 106 mujeres maltratadas de toda la Isla, de las cuales 84 (80%) llegaron con sus hijos. Allí, estos reciben ayuda sicológica al igual que sus madres.
Como parte del tratamiento, las terapias de juego y de arte son las más usadas en niños según coincidieron por separado, Córdoba y Falcón Mulero.
Pero la trabajadora social subrayó que aunque parezca cruel pedir al menor que reviva ese capítulo traumático de su vida, es realmente un mecanismo saludable para que exprese su dolor, se desahogue en lugar de reprimirlo, y al mismo tiempo entienda que lo que vio, en este caso de parte del atacante, no es una conducta normal ni buena.
“No sólo es experimentar la emoción del miedo sino expresarla a nivel cognoscitivo y que llegue a la conclusión de que eso estuvo mal hecho y que así no son las relaciones”, añadió Córdoba.
“Tiene que ser una terapia intensiva, en que pueda (al niño o la niña) darle coraje, llorar y conectarse con otras figuras que lo protejan en adelante”, puntualizó Córdoba, directora del Instituto de Terapia Familiar en Santurce.
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